Humedades por capilaridad — Por qué la física constructiva vence al «parche» químico
12 de enero de 2026 | Por Jesús Moral | Maestro artesano y arquitecto técnico
Asesoramiento técnico & Revestimientos de cal
¿Cómo solucionar la humedad por capilaridad en muros antiguos?
La única solución definitiva es física, no química. Requiere sustituir los morteros de cemento por revestimientos naturales transpirables —cal, trabadillo o arcilla— y ejecutar un drenaje perimetral ventilado. Las inyecciones o pinturas plásticas solo ocultan el problema temporalmente, agravando la degradación interna del muro.
Cuando el edificio enferma por los pies
La humedad por capilaridad en la edificación histórica no es una mancha; es una patología sistémica. Intentar resolverla con un único material o una pintura “milagro” es, en el mejor de los casos, ingenuo.
En nuestra experiencia rehabilitando patrimonio en la Axarquía, el patrón se repite: muros anchos de mampostería asfixiados por intervenciones modernas que han roto su equilibrio higrotérmico. El agua del subsuelo asciende buscando evaporarse y, al encontrar barreras estancas (cementos, plásticos), degrada la estructura desde dentro.
Un tratamiento duradero exige física, no química. Exige entender el edificio como un organismo que debe respirar.

El síntoma visible: cristalización de sales rompiendo el revestimiento impermeable.
Saneamiento integral en dos frentes
Tal y como expusimos en nuestra ponencia técnica durante el congreso CONTART 2024, en Alqatifa no tapamos la humedad; gestionamos su salida. Nuestra metodología de intervención ataca el origen mediante dos acciones sinérgicas.
1. Gestión del subsuelo mediante ventilación activa
El primer gesto es reducir la carga hídrica. En lugar de confinar el agua, creamos sistemas que permiten su evacuación pasiva.
- La red de drenaje: ejecutamos una red perimetral de canalizaciones perforadas en la base del muro. Estas arterias recogen el agua freática antes de que toque la fábrica.
- La ventilación por tiro térmico: la clave no es solo drenar agua, sino mover aire. Conectamos la red de drenaje a puntos exteriores priorizando la ventilación cruzada. Cuando la geometría lo exige, como en el proyecto de Casa de Alehandría, conectamos el sistema a montantes verticales que ascienden hasta la cubierta, rematados con aspiradores estáticos.
Esto genera una corriente de aire continua por succión natural (efecto chimenea) que extrae activamente el aire húmedo del terreno, forzando el secado de la base del muro sin consumo energético.
Complementamos esta acción en el interior sustituyendo las soleras impermeables de hormigón —que empujan la humedad hacia las paredes— por soleras ventiladas y aligeradas. Utilizamos áridos higroscópicos como la arcilla expandida y conglomerantes de cal, permitiendo que el suelo de la vivienda transpire al unísono con el resto del edificio.

2. Revestimientos transpirables — La piel que respira
Una vez gestionada la fuente, debemos garantizar que el muro libere la humedad residual.
El uso histórico de morteros de cemento Portland (baja permeabilidad) es la causa principal de la cronificación de estas patologías. El cemento sella el poro, provocando que las sales cristalicen en el interior (criptoflorescencias) y revienten el material.
La solución técnica es el retorno a los materiales naturales transpirables: cal, trabadillo o arcilla. Formulamos revocos con un bajo factor de resistencia a la difusión de vapor (μ). Estos morteros actúan como una membrana osmótica: permiten que la humedad migre al exterior y se evapore, manteniendo el núcleo del muro seco y sano.

No aplicamos una capa estética; restituimos la función biológica del muro.
Garantía de oficio
Si el proyecto lo requiere, monitorizamos los resultados.
Este enfoque sistémico no es una teoría; es nuestra práctica diaria a pie de obra. Al integrar soluciones de ingeniería de fluidos (ventilación) con la ciencia de materiales tradicionales, logramos lo que los parches sintéticos no pueden: una rehabilitación definitiva.
¿Tu edificio presenta estos síntomas?
- Degradación recurrente de zócalos y revocos en plantas bajas.
- Aparición de “algodón” blanco (sales) en la superficie.
- Sensación de frío y humedad ambiental persistente.
Si es así, tu casa no necesita pintura ni inyecciones químicas; necesita una intervención que reconcilie la ciencia de los materiales con la salud de sus muros.
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